Descanso

Bueno, hoy para mí es un día especial, por razones. Así que para celebrarlo voy a dejar el blog por unos días. Volveré en una semana o así. ¿O no?

Bueno, qué más da, si tampoco lee esto tanta gente. Así que para uno de mis únicos lectores: Champi, que me voy una semana XD

¡Salud y buenas vacaciones!

Campanas de Belén Esteban

Amigos, amigas. Amigas, amigos. El evento que se cierne sobre nuestras inocentes cabecitas no debería dejarnos indiferentes. No hablo de la CRISIS ECONÓMICA, ni de la SEMIFINAL DE LA EUROCOPA. Todo eso son mierdas, putas mierdas, en comparación con la que se avecina. Sí, señoras y señores. Estáis en lo cierto.

¡¡¡MAÑANA SE CASA BELÉN ESTEBAN!!!

Y para celebrarlo, matemos todos un pollo, untémonos con su sangre e invoquemos el poder supremo del Diablo. Pues este día no se podrá olvidar. La obra del Maligno se recordará siempre.

Aaah, pequeños, ojalá estuviera allí. Ya veo la iglesia, grande y ornamentada. Ya veo la llegada de Belén, cómo las cruces giran por sí mismas, cómo al cura le empieza a dar vueltas la cabeza y los monaguillos, con la cara roja de maldad, piden a gritos a las viejas de la primera fila que los maten.

La obra de nuestro Señor Satanás se cumplirá mañana. Temblad.

8

El inspector González devora un bocadillo de atún con tomate empotrado en la cómoda silla de su pequeño despacho. Su bigote, lleno de miguitas de pan, oscila de un carrillo a otro con cada bocado. Olmedilla, el diminuto y granudo ayudante del inspector, se dirige a la puerta del despacho y la golpea tres veces con los nudillos, abriéndola.

-Señor inspector…

-¡Mierda Olmedilla! ¡Espero por tu bien que me traigas buenas noticias! ¿No ves que estoy ocupado?

-Señor… No era mi intención molestarle mientras comía…

-¡Mientras comía! ¿¡Mientras comía!? ¡Joder Olmedilla, joder! ¿No ves que estoy trabajando? ¿Qué cojones vienes a contarme?

-Olmedilla… Digo, ¡señor! Señor… inspector… yo…

-¡Al grano, Olmedilla! -Un trozo de tamaño moderado de comida salta de la boca del inspector González hacia la camisa blanca de olmedilla, dejando una mancha que se vería a kilómetros.

-Señor, han encontrado a otra.

-¡Olmedilla me cago en la puta! -tirando el bocadillo a la mesa, el inspector González se levanta con sorprendente agilidad de la silla. Su cara, roja de ira, se adorna con venas de diferente grosor, marcándose las más voluminosas en la frente. -El comisario me mata. ¡Esto es la ruina! Nos vamos todos a la calle, Olmedilla -un momento de silencio hace que la tensión sea palpable. La cara del inspector González es cada vez de un rojo más intenso. Parece que va a estallar. -¡Nos vamos todos a la puta calle!

Las paredes del despacho del inspector González vibran con tal fuerza después del grito atronador, que la gente de la comisaría se asusta, comenzando a formarse un murmullo de interrogantes entre todos los policías. En el despacho, la tranquilidad no parece volver.

-Se… señor inspector. Hay novedades…

-¿Novedades? ¿¡Novedades!? ¡Espero por tu bien que las haya, cacho de mierda! ¡Más te vale que…

-Hay dos rastros de semen en el cuerpo, señor inspector.

El silencio, repentino y sádico, inundó la habitación, esperando ser roto.

-Dos… ¿dos?

-Señor, no hay lugar a dudas. Hay dos.

-Olmedilla, hay dos asesinos.

7

Joder, joder, joder.

Mierda, mierda, mierda.

Joder. Voy al médico. Tengo cáncer. Me cago en la puta. La niña, la hija de puta de la niña. Muerta. me cago en Dios.

Mierda. Es que me cago en la hostia. Yo iba a desahogarme, joder. Necesitaba desahogarme. Y va la muy puta de la niña y se muere. Es que me pasa por gilipollas. Las cojo muy débiles. Tendría que haberle dado más comida. Así no me da ningún morbo. Me cago en todo…

Pero al Cura sí que le servirá. Voy a llamarle.

Paciente número 214

17:35 horas. Décima sesión.

Paciente: Techo.

Problema: Leve depresión debida al enamoramiento no correspondido.

- Buenas tardes, señor Techo.

- Hola, buenas tardes.

- Pase, pase. Póngase cómodo. ¿Quiere tomar algo? Mi secretaria ha traido unas galletas, caseras, hechas por ella, que están de muerte. Sírvase.

- Oh… muchas gracias.

- Bien, sr. Techo, ¿cómo se encuentra hoy?

- Bueno… No muy bien, la verdad.

- Cuénteme, ¿qué le ocurre?

- Es que… No puedo más, doctor. La veo siempre. Durante todo el día. Está delante de mí y no soy capaz de decirle nada.

- Estamos, de nuevo, hablando de la señorita Suelo, ¿verdad?

- Sí, sí. No paro de pensar en ella. Está frente a mí día y noche. A veces me pilla mirándola… Y las paredes ya están empezando a cuchichear entre ellas. Saben mucho, ¿sabe? ¡Ay, si las paredes hablasen!

- Verá, sr. Techo. Bajo mi punto de vista, creo que debería usted vencer su timidez e intentar hablar con la señorita Suelo. Lo hemos hablado usted y yo miles de veces, ¿me equivoco? Un simple “buenos días” bastaría. No es necesario más.

- Ya, ya. Lo sé. Pero es que, ¿qué le voy a decir? ¿Y si se ríe de mí? Mire, cada vez estoy más convencido de que nuestro amor es imposible. Creo que jamás la alcanzaré. Siempre nos separarán más de dos metros de aire.

- Mire, sé que las relaciones a distancia pueden ser difíciles. Pero si se saben llevar, no tiene porqué haber ningún problema.

>> Caballero, quiero que impongamos una meta. Una meta que vamos a alcanzar. No es necesario decir un día concreto.

- ¿A dónde quiere usted llegar, doctor?

- Verá, quiero que, en el tiempo de una semana, hasta nuestra próxima sesión, usted le haya dicho algo a la señorita Suelo. Al menos un saludo, lo que sea. Y la próxima vez que venga aquí, quiero que me diga cómo se sintió. ¿De acuerdo?

- …

- ¿De acuerdo, sr. Techo?

- Bueno… Vale. Pero sólo un saludo. ¡Nada más!

- Claro, de acuerdo. Sólo saludar. Por cierto, siempre he tenido curiosidad, ¿por qué se enamoró de Suelo?

- ¿Que porqué? ¡Es el más maravilloso de los soportes! ¡La más perfecta de las fracciones arquitectónicas! ¿No es usted consciente de lo bella que es? Incluso cuando la manchan, aunque la pisen. Siempre la querré.

- Ya pero… son ustedes muy distintos, ¿no?

- Sí, ¡claro que lo somos! Pero ¿no sabe usted que los contrarios se atraen? Y cuando la limpian. ¡Ah, cuando la limpian! ¡Tan reluciente! ¡Tan brillante! ¿Sabe de lo que le hablo, verdad?

- Eh… sí, claro. Un suelo limpio simpre es agradable.

- ¡Por supuesto! Pero, ¿no es, a su vez, trágico? Destinada a sufrir el peso de los demás. Y yo, como mucho, sólo tengo que aguantar algunas lámparas. Ah… si por mí fuera llevaría todo el peso que ella soporta. ¡Si tan sólo pudiera…!

- ¡Y podrá, sr. Techo! Podrá. Y en la próxima sesión, sin duda estará usted más feliz, porque habrá cruzado sus primeras palabras con su amada Suelo. Hasta entonces, caballero, quiero que medite usted sobre…

Y etcétera, etcétera. Durante una hora, la conversación apenas cambió de dirección. Realmente está sin valor para hablar con Suelo. Mi predicción es que puede llegar a tener una depresión mucho mayor si no actuamos rápido. En la próxima sesión recetar 200 litros de pintura acrílica para levantar el ánimo.

Peranza Balboa

Me sumo a Míguel y a otros muchos para que este vídeo se difunda  y lo vea el máximo número de personas posible.

Para que veamos quién es nuestra presidenta. Para que veamos cómo se pavonea con esos aires chulescos, mascando su chicle marca “Superior”. Dejando claro quién es ella. La que manda. A la que no se le discute. La que está en posesión de la Razón y  la Verdad.

La que Miente. La que Engaña.

6

En el zulo, la pequeña María estaba tirada en un suelo carente de muebles, apoyando su cabeza en el mugriento colchón, abrazando a su diario y mirando la bombilla colgante del techo. A medio metro de su cuerpo, cada día más y más delgado, había una bandeja con un plato sucio. La habitación, cuadrada, simple a más no poder, estaba exageradamente poco iluminada. Una mancha rojiza, pero muy oscura, marcaba la pared, al lado de la puerta. Más bien, pegada a la parte de la puerta donde iban las bisagras.

María estaba despierta. Llevaba más de tres días sin dormir. Sus ojos estaban llenos de legañas y sus mejillas tenían marcas de lágrimas. Tenía varios moratones en brazos y piernas y sus manos estaban destrozadas de tanto aporrear a la puerta.

Haciendo un esfuerzo descomunal, logró levantarse, abrió el cuaderno y comenzó a escribir.

Cuando terminó, una tenue luz comenzó a emerger de la rendija inferior de la puerta. La luz, cada vez más potente, comenzó a cegarla. Sin apenas poder abrir los ojos, María se echó hacia atrás, apoyándose en el colchón. De repente, la luz se apagó. Cuando María volvió a mirar hacia la puerta, vio que seguía cerrada, mas un extraño ser estaba ante ella. Atónita, María se quedó mirándolo. Era una enorme mujer, robusta, alta, de piel oscura, estaba desnuda y su pelo largo colgaba marcando una gruesa línea desde su cabeza, cruzando su espalda, y hasta sus muslos.

- Hola, María.

La niña no se movió. Se quedó mirando a la mujer, sin decir nada.

- No tengas miedo.

- ¿Quién eres? -dijo firmemente María, sorprendida de sí misma.

- Yo soy la Muerte. Quiero que vengas conmigo.

De nuevo silencio. Una lágrima que se mantenía furtiva recorrió la cara de María hasta la barbilla, donde cayó, dejando que se oyera el ruido producido por el goteo.

- ¿Voy a morir?

- He venido salvarte, María. No vas a volver a sufrir nunca más.

- ¿No puedo huir?

- No.

- Yo… sólo quiero salir de aquí. Tengo miedo.

La Muerte cayó durante un segundo, mirando a María.

- No tienes que tenerlo. Ya nada malo te va a pasar.

- Quiero despedirme de mis padres -dijo rompiendo a llorar-. Les echo de menos…

- María, no te preocupes por ellos. No hay más tiempo. Tenemos que irnos.

- ¿Me va a hacer daño?

- No. No si lo hago yo.

- Tengo miedo.

- Dame la mano.

Alargando su brazo, la mano de María entró en contacto con los dedos largos y gruesos de la Muerte. Un instante después, su cuerpo carente de vida se desplomó en el suelo.

Vídeo-Fantasía-Graffiti

Encontrado gracias al mundo setuno. Un gran saludo desde aquí.

Los 20 mandamientos

1º) Impondrás tus principios sobre todas las cosas, pese a que los principios de los demás no entren en conflicto con los tuyos ni te hagan daño físico o moral.

2º) Te enriquecerás le pese a quien le pese.

3º) No compartirás tus bienes. Los guardarás en una ciudad-estado y los declararás patrimonio de la humanidad, para que no te obliguen a venderlos y así usar el dinero con fines benéficos.

4º) Pese a toda la riqueza acumulada, mandarás a países tercermundistas pequeñas tropas de misioneros con los mínimos recursos con la aparente misión de ayudar a los más necesitados.

5º) Insultarás e infravalorarás a toda persona que piense de forma contraria o diferente.

6º) Odiarás.

7º) Impedirás el uso del preservativo en países donde el SIDA esté más extendido.

8º) En tu ciudad-estado (ver 3º) el Jefe de Gobierno tendrá un poder dictatorial y no será elegido por el pueblo. Pese a ello, este Jefe de Estado, llamado papa, promoverá por el mundo que la democracia es necesaria en todo país (no católico, por supuesto).

9º) Si algún miembro de tu Iglesia comete actos impuros con niños, le taparás por todos los medios. Acallarás a la opinión pública y mediática. Escurrirás el bulto.

10º) No codiciarás los bienes ajenos. Bueno, sí.

11º) No permitirás de ninguna manera que un miembro de tu Iglesia intente, y mucho menos logre, salir de ella.

12º) Ostentarás el poder.

13º) Te corromperás.

14º) Lucharás porque la educación que reciban los niños sea de tu mano, para así inculcarles tus valores, por incorrectos que sean, y hacerles negar cualquier otro.

15º) Hablarás a diario con tu amigo imaginario.

16º) Convencerás a los demás que tu amigo imaginario es también su amigo imaginario.

17º) Atraerás y te sentirás más cómodo con las clases más altas.

18º) Mentirás.

19º) Impedirás que alguien que sufre en esta vida la abandone de la forma más decente posible. Prolongarás su sufrimiento basándote en aparatos eléctricos y científicos que anteriormente esta Iglesia condenaba.

20º) Mirarás a todas las demás creencias por encima del hombro, porque sabes que la tuya es, sin duda, mejor.

Freak!

Chiste malo cortesía de Edgar:

-Mamá, mamá, en el colegio me llaman friki.

-¿Y tú qué haces, hijo?

-Me resto dos puntos de carisma.