1
Estoy en la calle. Más concretamente, en un callejón. Oscuro, como de película. De hecho, muy probablemente los directores de las películas sobre callejones oscuros se inspiraran en este mismo. Incluso algún director de películas gore se podría basar en lo que hay aquí. No es que haya hecho nada que no haya hecho antes. Pero reconozco que esta vez he sido un poco más… bestia. Pobre criatura. Tan joven. Mmm. Me encantan jóvenes. Ésta, en concreto, era tan tierna que aún no tenía ni pelos en su dulce chochito. He disfrutado, oh, sí.
Muchas veces han intentado darme caza. Pero amigo, soy más listo que ellos. Siempre uso guantes, siempre condones, siempre las mato. No dejo pistas, ni testigos, ni rastros. No soy el típico asesino en serie (aunque disfruto matando. Joder, sí que disfruto) que tiene un modus operandi. A mí esas mariconadas no me van. Digamos que, simplemente, tengo un hobby. Y, puedes creerme, soy el mejor en lo mío.
Esta noche, concretamente, he raptado a una chiquilla. No sabría decir su edad, pero por su aspecto, tampoco es algo que me importe. La he violado dos veces antes de cansarme. Luego la he rajado. Muy despacio, de arriba abajo. De adentro afuera. Ja, ja, ja. Ni siquiera ha gritado. Bueno, admito que esto ha sido porque la he drogado. Sólo un poquito. No me gusta que me molesten mientras me ocupo de mis asuntos. Y mucho menos me gusta que sean mis propios asuntos los motivos de mis molestias.
En fin, el caso es que he aprovechado la oscura noche para plantarla aquí, en medio de este pequeño y oscuro callejón. Ahora mismo la policía ya estará buscando a la pobre chavala. Vaya cuadro que se van a encontrar. Esto podría hacer potar hasta al más reputado inspector. Que se jodan. Yo me voy de aquí. Esta noche voy a dormir bien. Muy bien.
13. Diría que tenía 13 años.
—————————————————————————————
2
Lugar de los hechos.
El día después.
El reputado inspector González llega al callejón escondido en la calle Escolapio Ginés, escoltado por un ayudante joven y granudo que toma nota de todo cuanto ve. González, gordo, cabezón, ataviado en un abrigo largo, oscuro, con pelusas pegadas, reluce bajo él una camisa blanca de rayas finas con mancha de café solo colombiano. En el callejón, una bolsa de cadáver con cadáver adorna la apacible estampa de cubos de basura y periódicos mojados en el suelo. El cordón policial marca el perímetro en el que la Policía Científica ha trabajado, y dos novatos se mantienen erguidos y estáticos a la espera de una orden que los aleje del hedor a orina. El inspector González, cuyo bigote le tapa la boca por completo, de forma que es difícil saber si está hablando, se acerca a la bolsa de cadáver con cadáver y tira de la cremallera, quedando el cadáver expuesto a sus pequeños ojos achinados.
-¡Joder! -Cierra la bolsa. -¿Dónde está la cabeza? ¿Y esta peste?
El ayudante granudo se dirige al inspector y, como escupe bastante cuando habla, le dice, tembloroso, sin dirigirle la mirada cuando le habla:
-Señor, me han informado los de la Científica que la cabeza no está. El olor es debido a que el asesino la orinó antes de huir. Es una mujer de unos 12 o 13 años que presenta varias heridas por arma blanca y…
-¡Joder! ¿Y hacen falta un puñado de científicos listillos con aparatejos que valen una millonada y que mi lengua esté llena de pelos del culo del jodido comisario para deducir que el puto cuerpo no tiene la puta cabeza? -Cierra la bolsa y mira a su ayudante. -Olmedilla, ¡me cago en Dios! ¡Quiero que la cabeza aparezca antes de que puedas decir “soy un jodido mamapollas de mierda”! ¿Entendido?
-S… Sí, seño…
-¡Olmedilla, joder!
-¡Sí, señor!
-Me cago en la ostia puta -dice el inspector alejándose de un Olmedilla inmóvil, y arrojando un cigarrillo de tabaco negro al suelo. -Con comemierdas como este no vamos a encontrar un sospechoso en la puta vida. Me cago en la Virgen…
La escena del crimen, que empieza a verse levantada, ve cómo un inspector se va refunfuñando, un ayudante mira al cielo pidiendo clemencia y un cadáver es metido en un furgón oscuro, camino de la Oficina Forense, para que sea analizado y que dicho análisis no le diga nada que no sepa al inspector González.
Es la quinta niña encontrada sin cabeza.
—————————————————————————————
3
Estoy en la iglesia. Un pequeño cuchitril en medio de la ciudad. Con sus escasos seis ó siete bancos y un pequeño altar, este antro apenas logra convencer a cuatro viejas de que vengan de higos a brevas a rezar por sus maridos enfermos o muertos.
¿Qué busco? Busco el perdón. He pecado, y como pecador, he de confesarme. El cura tiene un aspecto bastante desaliñado, con el pelo negro teñido, y la cara que, pese a mostrarse delgada, tiene colgando una pequeña papada. Unas pequeñas manchitas blancas adornan la sotana, a la altura de la cadera. El confesionario da verdadero asco. Cuando me siento, noto que lo he hecho encima de algo pegajoso. Tampoco es que me importe demasiado.
-Hola, padre.
Una tos seca se oye, dando paso a la voz del cura, cascada por el alcohol, el tabaco y quién sabe qué más.
-Hola, hijo mío. Ave María purísima.
-Padre, busco perdón, porque he pecado.
-Golfo del Diablo. ¿Cuántas van ya?
-Este año van cinco. Ja, ja, ja. Cinco ángeles caídos.
La voz del cura cambia, mostrándose más jovial.
-Hijo de la gran puta. Llevas una más que yo.
—————————————————————————————
4
Extracto del diarío de María Martínez Márquez. Estudiante de 2º de la ESO. 14 años.
14 de Abril. Lunes
Hoy no ha sido un buen día. Mi madre me ha llevado al médico porque dice que me pasa algo. El médico no me ha hecho sacar la lengua ni nada, sólo me ha estado hablando. Tampoco tenía bata, como el resto de médicos. Me ha dicho que tenía que comprarme un diario y anotar en él todo lo que me pase, así no me tendrá que recetar ninguna medicación. Y eso estoy haciendo. Tengo que escribir todos los días.
Antes de ir al médico he estado en el instituto, como todos los días. Estoy un poco harta de él. Hay gente que no para de meterse conmigo, y eso no me gusta. A veces lloro en el cuarto de baño.
Pero hay un chico que me gusta. Se llama Carlos y es guapísimo. Aunque no creo que se fije en mí nunca. Creo que no hemos llegado a hablar desde que estábamos en primero de primaria. A lo mejor mañana le digo algo.
15 de Abril. Martes
Hoy ha sido horrible. He hablado con Carlos. Qué tonta he sido. No tendría que haberlo hecho. Soy tonta, tonta, tonta, tonta. Se han reído de mí. Todos. Los odio.
16 de Abril. Miércoles
Los odio.
17 de Abril. Jueves
Hoy, a la puerta del instituto, había un hombre. Era mayor, pero no viejo, como mis padres. Era como mi tío, así que supongo que tendría treinta años. Me ha hablado. Me ha dicho que porqué una chica tan guapa tenía una cara tan triste. He pasado de largo sin mirarle. Qué vergüenza.
18 de Abril. Viernes
Hoy no me ha pasado nada interesante en el instituto. He vuelto a ver a ese hombre a la salida de clase. Le he mirado de reojo y me ha sonreído. Tiene una sonrisa bonita. No he podido evitar ponerme roja. También me ha guiñado un ojo.
El diario me está empezando a aburrir.
21 de Abril. Lunes
¡Hoy he hablado con el hombre que me guiñó un ojo! Se llama Víctor y me ha invitado a un batido. Es supersimpático. Mañana he quedado con él otra vez después de clase. Es muy guapo. Seguro que ninguna de las gilipollas de clase ha salido nunca con un tío tan mayor. Que las jodan. ¡Estoy supernerviosa por mañana!
14 de Mayo. Miércoles
Me quiero morir. No puedo parar de llorar. ¿Por qué me hace esto? ¿Por qué a mí?
15 de Mayo. Jueves
Tengo muchísimo miedo. Hoy mi pis era rojo. Echo de menos a mis padres. El hombre (parte inentendible) violado. Me ha hecho mucho daño. Todos los días lo hace. Yo me siento fatal. Es mi culpa. Es mi culpa.
16 de Mayo. Viernes
Hoy he intentado hacerle daño y se ha enfadado mucho. Me ha vuelto a encerrar aquí. Tengo miedo. (Parte inentendible) -ro morir.
(Parte inentendible. Borrones de tinta)
—————————————————————————————
5
Estoy en la consulta del especialista. Concretamente, especialista en oncología. La idea de tener cáncer me acojona, pero hace unos meses que las molestias empezaban a volverse más agudas. Es una habitación muy pálida, con una camilla negra cubierta por completo con papel blanco. Yo estoy sentado en la silla esperando a que el médico entre con los resultados de mis pruebas.
Cuando el médico entra, su cara muestra una seriedad rotunda, lo cual no es que me deje frío. Se sienta frente a mí y me mira.
-Señor Redondo. Tengo malas noticias.
-Oh -respondo escuetamente.
-Padece usted cáncer pancreático. Por eso ha ido notando diversos síntomas, como el ligero amarilleamiento de su piel. En el mejor de los casos, podría usted recuperarse con unas cuantas dosis de quimio y radioterapia, pese a lo nocivas que son para el cuerpo. Pero en su caso, y no le voy a engañar, el tumor a metastatizado. Tiene también infectado el colon y una gran parte del intestino delgado.
-Pero, ¿qué dice? ¿Cómo es esto posible?
-Señor Redondo…
-¿¡Co-cómo es posible que no notaran nada antes!?
-Señor Redondo, esta enfermedad no siempre es tan sencilla de localizar. En su caso hemos tenido realmente mala suerte. Lo sentimos muchísimo.
-¿Que lo sienten?…
-Escuche, seño…
-¿Cuánto?
-Señor Redondo…
-¡Cuánto!
-E-en el mejor de los casos… menos de un año.
Menos de un año. No me lo puedo creer.
No dejo que el matasanos me diga nada más y me voy de la blanca consulta. Menos de un año… Menos de un año.
Joder, menos de un año. Sólo puedo pensar en eso. Necesito desahogarme de alguna forma. Pobre chiquilla, la voy a dejar hecha un asco.
—————————————————————————————
6
En el zulo, la pequeña María estaba tirada en un suelo carente de muebles, apoyando su cabeza en el mugriento colchón, abrazando a su diario y mirando la bombilla colgante del techo. A medio metro de su cuerpo, cada día más y más delgado, había una bandeja con un plato sucio. La habitación, cuadrada, simple a más no poder, estaba exageradamente poco iluminada. Una mancha rojiza, pero muy oscura, marcaba la pared, al lado de la puerta. Más bien, pegada a la parte de la puerta donde iban las bisagras.
María estaba despierta. Llevaba más de tres días sin dormir. Sus ojos estaban llenos de legañas y sus mejillas tenían marcas de lágrimas. Tenía varios moratones en brazos y piernas y sus manos estaban destrozadas de tanto aporrear a la puerta.
Haciendo un esfuerzo descomunal, logró levantarse, abrió el cuaderno y comenzó a escribir.
Cuando terminó, una tenue luz comenzó a emergir de la rendija inferior de la puerta. La luz, cada vez más potente, comenzó a cegarla. Sin apenas poder abrir los ojos, María se echó hacia atrás, apoyándose en el colchón. De repente, la luz se apagó. Cuando María volvió a mirar hacia la puerta, vio que seguía cerrada, mas un extraño ser estaba ante ella. Atónita, María se quedó mirándolo. Era una enorme mujer, robusta, alta, de piel oscura, estaba desnuda y su pelo largo colgaba marcando una gruesa línea desde su cabeza, cruzando su espalda, y hasta sus muslos.
-Hola, María.
La niña no se movió. Se quedó mirando a la mujer, sin decir nada.
-No tengas miedo.
-¿Quién eres? -dijo firmemente María, sorprendida de sí misma.
-Yo soy la Muerte. Quiero que vengas conmigo.
De nuevo silencio. Una lágrima que se mantenía furtiva recorrió la cara de María hasta la barbilla, donde cayó, dejando que se oyera el ruido producido por el goteo.
-¿Voy a morir?
-He venido salvarte, María. No vas a volver a sufrir nunca más.
-¿No puedo huir?
-No.
-Yo… sólo quiero salir de aquí. Tengo miedo.
La Muerte cayó durante un segundo, mirando a María.
-No tienes que tenerlo. Ya nada malo te va a pasar.
-Quiero despedirme de mis padres -dijo rompiendo a llorar. -Les echo de menos…
-María, no te preocupes por ellos. No hay más tiempo. Tenemos que irnos.
-¿Me va a hacer daño?
-No. No si lo hago yo.
-Tengo miedo.
-Dame la mano.
Alargando su brazo, la mano de María entró en contacto con los dedos largos y gruesos de la Muerte. Un instante después, su cuerpo carente de vida se desplomó en el suelo.
—————————————————————————————
7
Joder, joder, joder.
Mierda, mierda, mierda.
Joder. Voy al médico. Tengo cáncer. Me cago en la puta. La niña, la hija de puta de la niña. Muerta. me cago en Dios.
Mierda. Es que me cago en la hostia. Yo iba a desahogarme, joder. Necesitaba desahogarme. Y va la muy puta de la niña y se muere. Es que me pasa por gilipollas. Las cojo muy débiles. Tendría que haberle dado más comida. Así no me da ningún morbo. Me cago en todo…
Pero al Cura sí que le servirá. Voy a llamarle.
—————————————————————————————
8
El inspector González devora un bocadillo de atún con tomate empotrado en la cómoda silla de su pequeño despacho. Su bigote, lleno de miguitas de pan, oscila de un carrillo a otro con cada bocado. Olmedilla, el diminuto y granudo ayudante del inspector, se dirige a la puerta del despacho y la golpea tres veces con los nudillos, abriéndola.
-Señor inspector…
-¡Mierda Olmedilla! ¡Espero por tu bien que me traigas buenas noticias! ¿No ves que estoy ocupado?
-Señor… No era mi intención molestarle mientras comía…
-¡Mientras comía! ¿¡Mientras comía!? ¡Joder Olmedilla, joder! ¿No ves que estoy trabajando? ¿Qué cojones vienes a contarme?
-Olmedilla… Digo, ¡señor! Señor… inspector… yo…
-¡Al grano, Olmedilla! -Un trozo de tamaño moderado de comida salta de la boca del inspector González hacia la camisa blanca de olmedilla, dejando una mancha que se vería a kilómetros.
-Señor, han encontrado a otra.
-¡Olmedilla me cago en la puta! -tirando el bocadillo a la mesa, el inspector González se levanta con sorprendente agilidad de la silla. Su cara, roja de ira, se adorna con venas de diferente grosor, marcándose las más voluminosas en la frente. -El comisario me mata. ¡Esto es la ruina! Nos vamos todos a la calle, Olmedilla -un momento de silencio hace que la tensión sea palpable. La cara del inspector González es cada vez de un rojo más intenso. Parece que va a estallar. -¡Nos vamos todos a la puta calle!
Las paredes del despacho del inspector González vibran con tal fuerza después del grito atronador, que la gente de la comisaría se asusta, comenzando a formarse un murmullo de interrogantes entre todos los policías. En el despacho, la tranquilidad no parece volver.
-Se… señor inspector. Hay novedades…
-¿Novedades? ¿¡Novedades!? ¡Espero por tu bien que las haya, cacho de mierda! ¡Más te vale que…
-Hay dos rastros de semen en el cuerpo, señor inspector.
El silencio, repentino y sádico, inundó la habitación, esperando ser roto.
-Dos… ¿dos?
-Señor, no hay lugar a dudas. Hay dos.
-Olmedilla, hay dos asesinos.
—————————————————————————————
9
El inspector González siempre ha sido un hombre de fe. Buscador de la redención del espíritu y de la serenidad del alma. En la pequeña y céntrica iglesia, el inspector González expía sus pecados cada domingo. Este domingo en concreto, el aspecto del inspector González era más tétrico si cabe. Unas grandes ojeras resaltaban en sus pequeños ojos, siendo éstas más visibles aún que su espeso bigote.
El cura, con su aspecto desaliñado y su sotana llena de pequeñas manchitas blancas a la altura de la cadera, da la misa como si estuviera algo borracho. Sólo hay dos asistentes, el inspector González y una vieja con un carro de supermercado a su lado, lleno de objetos sin valor, y cuya cabeza cuelga de su cuello, apenas incapaz de mantenerse despierta.
-Hermanos, la búsqueda del mal, y del Maligno -Hace una pausa y se aclara la garganta, pese a que su voz carrasposa y arrugada no mejora. -La búsqueda del Maligno no nos hace sino más débiles… La búsqueda de la bondad y la felicidad es lo que nos acerca al camino para encontrar al Señor…
Un ronquido de la vieja del carro interrumpe al desaliñado cura, provocando una leve mueca de desprecio en su cara.
-Hermanos -ahora se muestra algo enfadado. -Podéis ir en paz.
La vieja, que parecía dormida, sorprendentemente se levanta, y tosiendo y escupiendo unas flemas sorprendentemente grandes y negras, agarra su carro y sale de la capilla. El inspector González ve cómo el cura se dirige al confesionario, donde hay un hombre esperando a su puerta. Era un hombre un poco alto y joven, de unos treinta años. Sonreía al cura con cierta malicia. Una sonrisa bonita, piensa el inspector González.
Cuando llega su turno, el inspector González se dirige al confesionario, cruzándose en su camino con el hombre de la sonrisa, que le dirige un leve “hasta luego”. Asintiendo con la cabeza, el inspector entra en el confesionario. Se sienta en algo pegajoso, pero no le da importancia.
- Ave María purísima…
- Er… Verá, padre…
- Dime, hijo mío, dime.
- Verá… Yo…
- Venga, hijo, coño, que es para hoy.
- Padre… Perdóneme, padre, porque yo he pecado.
—————————————————————————————
10
Han pasado cuatro meses desde que la última niña muerta fuera encontrada. El caso sigue abierto, pero sin ninguna pista nueva.
El inspector González duerme en un colchón tirado en el suelo del cuarto que tiene alquilado en un edificio medio abandonado, céntrico. Entre otros lujos, como el colchón, tiene teléfono, por el cual se despierta ante el atronador timbre.
-¡Joderrrrr!
-Er… señor inspector…
-¡Olmedilla, me cago en la hostia! ¿Sabes qué hora es? Aaaah, Dios… qué sueño, joder…
-Siento despertarle, señor inspector.
-Espera un momento… ¡Olmedilla! ¡Mierda, Olmedilla, qué cojones pasa! Llevas más de dos meses sin aparecer por la comisaría. Tu despido se hizo efectivo hace varias semanas, chico. Si esperas algún tipo de retribución…
-No, no, inspector, verá… El motivo de que haya dejado el empleo es…
-Olmedilla, por tus muertos espero que me hayas llamado para decirme algo importante, porque si no, iré a tu casa y te meteré el auricular por tu puto culo de granudo.
-Tengo treinta y dos años, señor inspector.
-¿Treinta y dos? Vaya, ¿y qué quieres exactamente, joder?
-Tengo cáncer, inspector. Me estoy muriendo.
La cara del inspector González se desencaja y paraliza durante un segundo.
-Vaya, muchacho, no es una buena noticia. Pero… ¿por qué me estás contando esto, Olmedilla?
-Verás, González. Tengo cáncer, pero no soy tan joven como creías. Tampoco es cierto que tenga acné, ni soy el despistado que crees que soy. De hecho, no me llamo Olmedilla.
-Olmedilla, ¿qué cojones me estás contando?
-Mi nombre no es Olmedilla, González. Te he mandado una nota que debe de estar en la mesa de tu despacho, en la comisaría. Allí tienes la dirección de mi domicilio y mis datos personales. Ven a mi casa.
“Click”. Se interrumpe la conexión telefónica.
El inspector, con el corazón tembloroso, y el abrigo ya en la mano, abre la puerta y la cierra con un fuerte golpe.
Se dirige a la comisaría.
————————————————————————————————
11
La cara del inspector González estaba blanca completamente. Estaba llegando a la casa de Olmedilla, de quien ya sabía que su verdadero nombre era Víctor Redondo.
A la puerta del pequeño piso, un policía algo menudo colocaba el cordón policial.
-Le estaba esperando inspector. Hemos elaborado un informe.
-¿Un informe? ¿Cuánto lleváis aquí?
-Desde hace unas cuatro horas. Alguien reconoció a Olmedilla cuando fue a dejarle la nota a su mesa. La leímos, pero la dejamos allí para que usted la viera.
-¿Y por qué no se me avisó antes?
-Órdenes del comisario, inspector. Además, nosotros también hemos llegado tarde porque fue difícil conseguir la orden de registro… Creo que está usted fuera del caso. Toda la comisaría es consciente del cariño que guardaba usted a Olmedilla.
La cara del inspector González se estaba enrojeciendo por momentos. De ira, no de vergüenza.
-¡Escucha, retaco!
-Espere, inspector -continuó el policía con su particular voz nasal, e impasible al mal humor característico del inspector González. -Antes de que continúe, he de detallarle los aspectos clave del informe. Hemos encontrado pruebas suficientes para confirmar lo que decía la nota. Olmedilla, o Víctor Redondo, es el asesino de las niñas sin cabeza.
El inspector González calló y, sin decir nada, intentó apartar al policía de la puerta, para poder pasar.
-¡Inspector! Ha de saber antes de entrar…
-¿Qué?
-Olmedilla, o Redondo, lleva muerto más de dos horas.
————————————————————————————————
12
El cabrón de Olmedilla…
Parecía un pringao, pero resulta que tiene amigos. Mi nombre es Ernesto González, inspector de policía. Estoy en el funeral de Víctor Redondo, el peor asesino en serie que hemos tenido en los últimos diez años. Y digo el peor, no por le número de asesinatos, sino por el hecho de que nos ha tenido engañados durante toda la investigación. Sólo cuando ha muerto hemos dado con él, y porque él ha querido.
Hemos sido muy tontos, joder. El comisario ha insinuado que debería pedir la jubilación anticipada, y eso en mi oficio significa pasar de policía a vigilante de parkings. Manda cojones, a mi edad, con mi puta experiencia y un mierda como Olmedilla me engaña.
Decía que Olmedilla tiene amigos, porque alguien ha organizado un funeral. No es gran cosa. Es en una pequeña capilla, muy cerca de mi casa, a la que voy de vez en cuando.
No sé quién lo habrá organizado, pero somos cuatro gatos. Reconozco en la última fila a la madre de una de las niñas decapitadas. De las últimas, creo que se llamaba María. Da igual. La madre llora, pero no creo que sea de pena, ni que sea por Redondo. Creo que llora de alegría. Joder, qué puto mundo.
También reconozco en el altar a ese cura. Me da escalofríos. Es repugnante. Sólo está aquí algunos días, pero son los días que no viene nadie. Tiene la voz cascada, como los borrachos. Y un aspecto muy desaliñado. Como los borrachos. Tampoco es que hable muy coherentemente. Pero sonríe. Como si no fuera un funeral, sino una misa corriente. ¿Por qué sonríes, cabrón?
El funeral acaba y me sorprendo con los ojos húmedos. Mierda, joder, González. ¿No te pondrás sentimental ahora? Cabrón de Olmedilla. Esto sí que no te lo perdono.
Hijo de puta…
Ya en mi casa, me preparo la cena y no paro de pensar en el caso. No se ha podido cerrar aún, y aunque estoy fuera, no puedo dejar mi conciencia tranquila sabiendo que había dos asesinos, y que el segundo sigue ahí fuera, puede que planeando su próxima matanza. Hostia puta. No hemos llegado a tener ni una sola pista de él. Nada. Ni siquiera en el piso de Olmedilla hemos encontrado restos de nadie más. Aparte, claro, de las cabezas de las niñas.
Tampoco dejo de pensar en la sonrisa de ese jodido cura. Me da escalofríos, joder. Todo el funeral sonriendo. ¿Por qué? Qué asco. No vuelvo a esa iglesia.
¿Por qué sonreiría?
.
FIN
.
20 de Agosto de 2008
3 comentarios
RSS de los Comentarios Identificador URI de TrackBack
Deja un comentario


Dios mio
pero qué intriga
no lo dejes asi, x favor!
Te diré que me ha parecido excelente tu relato y coincido con Ana,que te pide que no lo dejes así…
¡Seguro que no! esperamos una segunda y tan excelente parte-tanto o más que esta-con ese cura y no sé quién diablos más…
Pero te felicito,me gustó muchísimo.
Desde Argentina un saludo cordial.
gracias!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!