Verónica, Verónica, Verónica

   Hoy me ha pasado una cosa curiosa. Recién levantado, me he dirigido al baño para orinar, cuando se me ha ocurrido algo divertido. Me he dirigido al espejo y, sin perder la compostura, he dicho tres veces y en alto “Curry Valenzuela”.

Para mi sorpresa, ha empezado a emergir una gran cantidad de humo negro del techo, y una música como de iglesia sonaba débil, a lo lejos. Al disiparse el humo, veo que a mi lado está una especie de holograma de Franco, flotando en el aire cual espíritu, justo encima del wáter.

- ¡Españoool! Te concedo tres deseeeos.

- ¡Hostias! – dije en mi asombro.

Apenas me dio tiempo a reaccionar, así que decidí calmarme. Levanté la mano y la pasé a través de la cabeza del fantasma del pequeño dictador, traspasándosela. Como el tema empezaba a acojonarme ya, le miré directamente a los ojos y dije:

- ¡Carrero, Carrero, Carrero!

De nuevo el humo negro, que, al irse, dejó el baño vacío, salvo la presencia de un servidor, cada vez más turbado por el sudor frío que aún me recorría la espalda.

No quiero ni imaginar qué hubiera ocurrido de haber dicho “Fedeguico”.

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