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Estoy en la iglesia. Un pequeño cuchitril en medio de la ciudad. Con sus escasos seis ó siete bancos y un pequeño altar, este antro apenas logra convencer a cuatro viejas de que vengan de higos a brevas a rezar por sus maridos enfermos o muertos.
¿Qué busco? Busco el perdón. He pecado, y como pecador, he de confesarme. El cura tiene un aspecto bastante desaliñado, con el pelo negro teñido, y la cara que, pese a mostrarse delgada, tiene colgando una pequeña papada. Unas pequeñas manchitas blancas adornan la sotana, a la altura de la cadera. El confesionario da verdadero asco. Cuando me siento, noto que lo he hecho encima de algo pegajoso. Tampoco es que me importe demasiado.
- Hola, padre.
Una tos seca se oye, dando paso a la voz del cura, cascada por el alcohol, el tabaco y quién sabe qué más.
- Hola, hijo mío. Ave María purísima.
- Padre, busco perdón, porque he pecado.
- Golfo del Diablo. ¿Cuántas van ya?
- Este año van cinco. Ja, ja, ja. Cinco ángeles caídos.
La voz del cura cambia, mostrándose más jovial.
- Hijo de la gran puta. Llevas una más que yo.
3 comentarios
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Increible……
Me pregunto que mente trastornada realiza semejante guión escrito!… Lascivo?