El cabrón de Olmedilla…
Parecía un pringao, pero resulta que tiene amigos. Mi nombre es Ernesto González, inspector de policía. Estoy en el funeral de Víctor Redondo, el peor asesino en serie que hemos tenido en los últimos diez años. Y digo el peor, no por le número de asesinatos, sino por el hecho de que nos ha tenido engañados durante toda la investigación. Sólo cuando ha muerto hemos dado con él, y porque él ha querido.
Hemos sido muy tontos, joder. El comisario ha insinuado que debería pedir la jubilación anticipada, y eso en mi oficio significa pasar de policía a vigilante de parkings. Manda cojones, a mi edad, con mi puta experiencia y un mierda como Olmedilla me engaña.
Decía que Olmedilla tiene amigos, porque alguien ha organizado un funeral. No es gran cosa. Es en una pequeña capilla, muy cerca de mi casa, a la que voy de vez en cuando.
No sé quién lo habrá organizado, pero somos cuatro gatos. Reconozco en la última fila a la madre de una de las niñas decapitadas. De las últimas, creo que se llamaba María. Da igual. La madre llora, pero no creo que sea de pena, ni que sea por Redondo. Creo que llora de alegría. Joder, qué puto mundo.
También reconozco en el altar a ese cura. Me da escalofríos. Es repugnante. Sólo está aquí algunos días, pero son los días que no viene nadie. Tiene la voz cascada, como los borrachos. Y un aspecto muy desaliñado. Como los borrachos. Tampoco es que hable muy coherentemente. Pero sonríe. Como si no fuera un funeral, sino una misa corriente. ¿Por qué sonríes, cabrón?
El funeral acaba y me sorprendo con los ojos húmedos. Mierda, joder, González. ¿No te pondrás sentimental ahora? Cabrón de Olmedilla. Esto sí que no te lo perdono.
Hijo de puta…
Ya en mi casa, me preparo la cena y no paro de pensar en el caso. No se ha podido cerrar aún, y aunque estoy fuera, no puedo dejar mi conciencia tranquila sabiendo que había dos asesinos, y que el segundo sigue ahí fuera, puede que planeando su próxima matanza. Hostia puta. No hemos llegado a tener ni una sola pista de él. Nada. Ni siquiera en el piso de Olmedilla hemos encontrado restos de nadie más. Aparte, claro, de las cabezas de las niñas.
Tampoco dejo de pensar en la sonrisa de ese jodido cura. Me da escalofríos, joder. Todo el funeral sonriendo. ¿Por qué? Qué asco. No vuelvo a esa iglesia.
¿Por qué sonreiría?
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FIN
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Madrid. 20 de Agosto de 2008
1 Comentario(s)
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Porque el cura tiene que ser el k sonria… Por favor abrir vuestras mentes y sereis conscientes de lo que teneis en frente y aun no podeis ver….
¿Quien era ese cura? a leer otra vez, xD